El sueño americano ahora también incluye una estrategia de salida

Después del segundo susto por un tirador activo en la escuela de su hijo de ocho años, Michael Le Blanc decidió que ya había tenido suficiente de Los Ángeles. El hombre de 56 años y su esposa empacaron sus cosas, tomaron a sus dos hijos y se mudaron a Lisboa. Su historia fue una de las muchas destacadas recientemente sobre estadounidenses que están abandonando el país en cifras récord.

La cantidad de estadounidenses viviendo en Portugal aumentó drásticamente desde la pandemia. Más estadounidenses se mudaron a Alemania el año pasado que alemanes a Estados Unidos. También crecieron con fuerza las solicitudes para renunciar a la ciudadanía estadounidense.

Y en estos días no resulta difícil entender el atractivo de irse.

Estados Unidos es un país donde niños de jardín infantil practican rutinariamente simulacros de tiradores activos, donde el punto de quiebre de un padre no fue la primera amenaza armada en la escuela de su hijo, sino la segunda.

Es un país donde una mujer de 23 años llamada Iryna Zarutska estaba sentada en un tren ligero en Charlotte, Carolina del Norte, cuando un hombre con catorce arrestos previos, incluidos cargos por robo a mano armada, que había sido liberado sin fianza, sacó un cuchillo y la mató.

Y aun así, cuando agentes federales intentan arrestar y deportar criminales violentos, aparecen multitudes para bloquearlos. Ciudades aprueban políticas santuario. Expulsar inmigrantes ilegales con antecedentes violentos pasa a ser tratado como un acto de fascismo.

Luego está la lenta asfixia del sentido común.

Personas son despedidas y vetadas por expresar opiniones que hace diez años eran consideradas evidentes. Las universidades se han convertido en campos minados ideológicos donde profesores de medicina se autocensuran sobre hechos biológicos para no perder el empleo.

A los niños se les enseña ideología radical de raza y género en escuelas públicas, y a los padres que se oponen se les trata como si fueran extremistas.

Los dueños de negocios se ahogan entre regulaciones, aranceles y costos de cumplimiento que cambian con cada ciclo electoral.

El Congreso está lleno de personas poco calificadas que apenas pueden contener el desprecio mutuo, mucho menos gobernar.

¿Hay alguien, sin importar su posición política, que realmente crea que esto está funcionando?

La izquierda piensa que Estados Unidos se desliza hacia el fascismo. La derecha cree que se desliza hacia el comunismo. Hay facciones dentro de facciones, las divisiones crecen y siempre aparece una nueva razón para indignarse.

En el pasado siempre hubo ciudadanos que amenazaban con irse si determinado candidato ganaba. Cuando George W. Bush llegó a la presidencia, muchos liberales decían que se irían a Canadá. Cuando Obama ganó, muchos conservadores dijeron que ya habían tenido suficiente.

Por primera vez en la memoria moderna, el malestar no es partidista: es universal. Todos lo sienten.

Y encima del caos social, el costo de vida aplasta a la gente. La vivienda en la mayoría de las grandes ciudades es absurda. Las cuentas del supermercado siguen subiendo. La salud es una catástrofe financiera para cualquiera sin cobertura laboral, e incluso para muchos que sí la tienen. Los jubilados con ingresos fijos ven evaporarse su poder adquisitivo.

Por eso una mujer de Buffalo, que ganaba 80 mil dólares al año, no lograba llegar a fin de mes. Se mudó a Albania, donde vive cómodamente con mil dólares mensuales. Ahora ayuda a otros estadounidenses que viven del Seguro Social o discapacidad a hacer lo mismo.

Y solo va a empeorar. La deuda nacional superó los 39 billones de dólares. Se proyectan déficits enormes durante la próxima década. Eso significa más inflación, impuestos más altos y menos poder adquisitivo.

Si alguien quiere una vista previa de lo que viene, basta mirar a Europa, donde gobiernos necesitados de dinero ya discuten impuestos sobre ganancias no realizadas, es decir, cobrar impuestos por aumentos de valor en inversiones que ni siquiera han sido vendidas.

Ideas similares ya circulan en Estados Unidos, y con nuevos liderazgos políticos emergiendo, muchos se preguntan cuánto falta para que se conviertan en realidad.

Ese suele ser el libreto cuando los gobiernos se quedan sin dinero. Y Estados Unidos parece avanzar en esa dirección más rápido de lo que muchos imaginan.

Durante años algunos advirtieron sobre la necesidad de diversificación internacional, segundas residencias, planes alternativos y no depender por completo de un solo país.

Antes muchos se burlaban. “¿Quién dejaría el mejor país del mundo?”, preguntaban.

Hoy esas ideas dejaron de parecer marginales. Cada vez más personas entienden intuitivamente por qué buscan opciones, seguridad jurídica, estabilidad económica y una alternativa ante la incertidumbre.

Porque más allá de ideologías, campañas y discursos, cuando una sociedad empieza a transmitir agotamiento colectivo, las personas comienzan a mirar la puerta de salida.

Por tu Libertad.



Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de VISIÓN, La Revista Latinoamericana.

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Autor

James Hickman - Analista político

James Hickman es el fundador de Sovereign Man. Tiene una amplia carrera como inversor internacional y empresario graduado de la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point . Su boletín electrónico diario, Notes from the Field, se basa en sus experiencias de vida, empresariales y de viajes para ayudar a los lectores a conseguir más libertad, más oportunidades y más prosperidad.