Kast asume en Chile con promesa de orden y seguridad
La política chilena vivió esta semana uno de sus momentos más simbólicos de las últimas décadas. José Antonio Kast juró como presidente de la República en el Congreso Nacional y asumió el poder con un mensaje claro: recuperar la seguridad, ordenar las finanzas públicas y devolver confianza a un país que en los últimos años ha atravesado fuertes tensiones políticas y sociales.
La ceremonia marcó lo que muchos observadores consideran el giro político más marcado hacia posiciones conservadoras en Chile desde el retorno a la democracia. El cambio refleja el clima de preocupación que se ha instalado entre amplios sectores de la sociedad por el aumento de la delincuencia, la inmigración irregular y la incertidumbre económica que se ha extendido en los últimos años.
Ante miles de simpatizantes reunidos frente al Palacio de La Moneda en Santiago, Kast habló con tono directo sobre el momento que vive el país.
“Nos han entregado un país en condiciones más difíciles de lo que imaginábamos”, afirmó el nuevo mandatario. “Para enfrentar estas emergencias, en seguridad, salud, educación y empleo, Chile necesita un gobierno de emergencia. Y eso es lo que seremos”.
Su discurso combinó diagnóstico y promesa. El nuevo presidente aseguró que su gobierno tendrá como prioridad recuperar el control del espacio público, fortalecer las instituciones y devolver esperanza a una ciudadanía que, según afirmó, siente que el Estado ha perdido capacidad de respuesta frente a los desafíos actuales.
“Vamos a recuperar nuestro país, nuestras calles y nuestras instituciones”, señaló. “El futuro lo construimos juntos”.
Antes de dirigirse al público, Kast firmó sus primeros decretos presidenciales. Varias de las medidas apuntan a reforzar la seguridad en la frontera norte, una zona particularmente sensible por el aumento de los flujos migratorios en los últimos años. También ordenó una auditoría completa de las finanzas del Estado, una señal de que el nuevo gobierno pretende revisar en detalle la situación fiscal del país.
El programa económico del nuevo presidente busca impulsar el crecimiento mediante políticas favorables al mercado. Entre las iniciativas que su administración prepara se encuentra una reforma tributaria que contempla reducir gradualmente el impuesto a las empresas del 27% al 23% en un plazo de cuatro años, junto con incentivos fiscales destinados a estimular la creación de empleo.
Analistas económicos señalan que el objetivo del nuevo gobierno es recuperar dinamismo en una economía que ha mostrado señales de desaceleración, al mismo tiempo que intenta enviar una señal de estabilidad a los mercados.
El nuevo mandatario sucede al presidente Gabriel Boric, quien lo derrotó en las elecciones de 2021 pero termina su mandato en un contexto marcado por un aumento del crimen, tensiones sociales persistentes y una economía más incierta.
La jornada de investidura también estuvo acompañada por manifestaciones en Santiago y Valparaíso. Grupos de protesta protagonizaron enfrentamientos con la policía antes de ser dispersados por las fuerzas de seguridad. Aunque los incidentes fueron aislados, reflejan el clima de polarización política que ha marcado el debate público chileno en los últimos años.
Las preocupaciones por la seguridad se intensificaron aún más tras un tiroteo ocurrido ese mismo día en la ciudad de Puerto Varas, en el sur del país, que dejó a un carabinero con muerte cerebral. Kast reaccionó con rapidez enviando a su nueva ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, a la zona.
“Habrá un antes y un después. Quien ataque a un carabinero, ataca a Chile”, afirmó el presidente.
El nuevo gobierno también enfrenta un escenario internacional complejo. La guerra en Irán, las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China y la volatilidad de los mercados globales configuran un contexto desafiante para cualquier administración latinoamericana.
Chile, además, ocupa un lugar estratégico en la economía mundial como principal productor de cobre. China es el mayor comprador del metal, mientras que Estados Unidos sigue siendo un socio clave en materia política y de seguridad.
Diversos analistas coinciden en que el nuevo gobierno tendrá que manejar con cuidado ese delicado equilibrio internacional. La política exterior chilena deberá combinar pragmatismo económico con estabilidad diplomática en un entorno global cada vez más competitivo.
En ese contexto, Kast participó recientemente en una reunión en Florida convocada por el presidente estadounidense Donald Trump para lanzar una coalición regional contra el narcotráfico denominada “Escudo de las Américas”, una iniciativa que busca fortalecer la cooperación entre varios países del continente frente al avance de los carteles.
En el plano interno, el presidente también deberá navegar un Congreso dividido. Ninguna de las principales fuerzas políticas cuenta con mayoría suficiente para imponer su agenda sin negociar, lo que obligará al nuevo gobierno a construir acuerdos para avanzar en sus reformas.
Para muchos analistas, los próximos meses serán decisivos. El éxito del nuevo gobierno dependerá en gran medida de su capacidad para mostrar resultados rápidos en tres áreas clave que dominan la preocupación pública: seguridad, inmigración y crecimiento económico.
La apuesta de Kast es clara: restaurar la sensación de orden y estabilidad que durante décadas fue una de las marcas distintivas de Chile en América Latina. Sus partidarios creen que el país inicia una etapa de corrección y recuperación institucional. Sus críticos, en cambio, advierten sobre los riesgos de una agenda demasiado dura.
Pero más allá del debate político, lo cierto es que Chile inicia una nueva etapa. Una etapa en la que el país deberá responder a las demandas de seguridad, prosperidad y gobernabilidad que hoy dominan la conversación pública.
Y en la que, como suele ocurrir en los momentos de cambio político profundo, las expectativas serán tan altas como los desafíos.