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Advertencias y proyecciones del Estudio Nacional del Agua. (I) parte

Con el propósito de “entregarle al país información más precisa y actualizada sobre la distribución regional y local de la disponibilidad de agua y las condiciones de sostenibilidad del recurso hídrico”, que incluye el balance hídrico y las relaciones demanda-oferta con indicadores de sostenibilidad proyectados para los años 2015 y 2025, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) publicó la segunda versión del Estudio nacional del agua (ENA), en 2018; la primera fue publicada en 1998. El estudio tiene un punto central relativo a las zonas más vulnerables y con mayor peligro de desabastecimiento, dando elementos importantes para el ordenamiento del recurso, por lo cual este valiosísimo aporte del IDEAM debe tenerse muy presente.

Podemos deducir, a partir del ENA, que el mal pronóstico que debe alertarnos sobre la probabilidad futura de una crisis nacional del agua, inicia con el diagnóstico de los ríos colombianos: sus aguas después de ser aprovechadas en las diferentes actividades socio-económicas, son vertidas, mayoritariamente, sin el adecuado tratamiento previo y, por contera, reciben altos volúmenes de sedimentos (alteración que “se manifiesta en especial por la influencia de corrientes torrenciales, dependientes en particular de la intensidad de la lluvia en la parte alta de las cuencas que interactúa con el sistema cobertura vegetal-suelo”) por los procesos de erosión natural y/o por la intervención humana, donde las actividades antrópicas tienen un gran peso, limitándose la calidad y cantidad del recurso hídrico disponible.

EL ENA identifica claramente que “entre las fuentes principales de contaminación de las aguas superficiales destacan las aguas residuales domésticas e industriales, el escurrimiento de agua en zonas de producción agrícola y ganadera, el arrastre de compuestos presentes en la atmósfera por las aguas lluvias y las aguas procedentes de los procesos de extracción minera”. El contenido de oxígeno de los ríos es un indicador muy importante que da una visión global del peso de los contaminantes del agua y los esfuerzos necesarios con miras a la recuperación de su calidad.

El estudio, en el contexto de las restricciones de uso del agua por calidad y en referencia a nuestros ecosistemas de alta montaña, resume de manera categórica: “En este marco se inscribe el preocupante proceso actual de intervención sobre los páramos, los bosques de niebla y en general sobre el alto bosque andino, que, según lo han constatado estudios recientes, está representado por la expansión de actividades agrícolas, e incluso ganaderas, en las zonas altas de las cordilleras, donde nace la mayor parte de las corrientes del país”. Por ello, debemos seguir insistiendo en la imperiosa necesidad de blindar, de toda pretensión de la megaminería, nuestros páramos que, bajo el concepto de integralidad, incluyen sus ecosistemas circunvecinos complementarios, para no poner en riesgo el recurso hídrico, en calidad y cantidad.

Junto al indicador de la concentración de oxígeno, ya citado, y su demanda química en nuestros ríos, otros indicadores como el ph, la turbidez y la presencia de metales pesados, ha permitido el conocimiento de la calidad ambiental de los recursos hídricos de nuestro país, a través de su seguimiento sistemático, nos dice el ENA.

En ese orden de ideas, el estudio identificó, en una primera aproximación, “características altas de contaminación orgánica en los ríos Bogotá, Cauca, Pamplonita y Pasto, en donde se vierten las aguas residuales domésticas de grandes poblaciones allí asentadas, así como los residuos líquidos y sólidos de sus establecimientos industriales y comerciales”.

El ENA concluye que puede decirse que “la mayor parte del sistema hídrico andino colombiano se halla en proceso de alteración por el transporte de sedimentos y sustancias tóxicas, con una incidencia marcada de los corredores industriales ubicados en las cuencas correspondientes, tales como: Bogotá-Soacha, Medellín-Itagüí, Cali-Yumbo, Sogamoso-Duitama-Nobsa, Barranquilla-Soledad y Cartagena-Mamonal”.

El ENA advierte, sobre las proyecciones de demanda y oferta para los años 2015 y 2025, según su metodología aplicada, que, aunque actualmente gran parte de las regiones y los municipios colombianos tienen un adecuado abastecimiento de agua, acorde con la buena disponibilidad del recurso hídrico que caracteriza la mayor parte del territorio colombiano, con sólo un porcentaje relativamente bajo de municipios con índices de escasez altos, a futuro el panorama podría variar considerable y aceleradamente, especialmente en aquellas áreas con alta densidad poblacional.

El Estudio Nacional del Agua realizado por el IDEAM (2018) sentencia que “en los próximos años no sólo seguirá aumentando la demanda de agua para los usos humanos y económicos, sino que –lo más grave– la oferta aprovechable del recurso puede reducirse, de continuar las tendencias actuales de deforestación y la ausencia casi total de tratamiento de las aguas residuales”.



Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de VISIÓN, La Revista Latinoamericana.

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Author

Erwing Rodríguez-Salah

Líder y referente nacional en la defensa de los páramos. Uno de los accionantes de la tutela que dio origen a la S. T-361 de la Corte Constitucional.